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    Archived pages: 832 . Archive date: 2014-01.

  • Title: Juan Francisco Yoc
    Descriptive info: Desnudo con ave.. Oleo sobre papel.. 31x22 cms.. 2000.. Amantes.. Oleo y tinta sobre papel.. Pequeño jinete.. Carbón, sanguinea y sepia sobre papel.. 109 x 81.. 5 cm.. Más muestras.. Pinacoteca guatemalteca.. Página de la Literatura Guatemalteca.. Copyright 1996-2006 Juan Carlos Escobedo.. Última revisión: 20/10/06.. por.. Copyright© 2006 JuanYoc..

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  • Title: Intervención de la CIA en Guatemala [1954]
    Descriptive info: MULTIMEDIA.. Intervención de la CIA en Guatemala [1954] - 2of5.. The CIA Intervention in Guatemala [1954] - 2of5.. Última revisión: 26/03/06..

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  • Title: Mazatenango, para la fiesta de San Bartolo 2006. 
    Descriptive info: Mazatenango, para la fiesta de San Bartolo 2006..

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  • Title: Barrios de Mazatenango
    Descriptive info: En el Mazatenango de los 70, 80, habían dos cines principales, el Cine Ciani, y el Cine Italia.. Ahora los cines se han ido del centro, hacia el nuevo centro comercial.. El Cine Itali después se convirtió en supermercado Paiz, y ahora es un supermercado popular.. No hay nada como la lluvia en el trópico.. Mi antiguo barrio.. 2a.. Av.. Sur Final, abajo de la línea del tren.. Diciembre 2006.. de nuevo, pero parte norte.. El Barrio Buena Vista,  ...   la casa que está en la esquina es casi idéntica a la que está en la esquina en la foto anterior.. c.. 1955.. Arriba de Mazate se encuentra la presa.. Aquí se va a bañar la güirizada después de la escuela (o durante la escuela, si uno se va de capiruza).. La Chipi.. Sin comentarios.. El pudor me lo impide (los mazatecos me comprenderán ;-).. El vecino pueblo de Samayac.. Sugerencias, opiniones, comentarios, mentadas, mandámelas aquí:.. Última revisión: 28/05/06..

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  • Title: Hombres de maíz
    Descriptive info: Primer capítulo de "Hombres de maíz".. Aquí la mujer,.. yo el dormido.. GASPAR ILOM.. I.. -El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le roben el sueño de los ojos.. -El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le boten los párpados con hacha.. -El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le chamusquen la ramazón de las pestañas con las quemas que ponen la luna color de hormiga vieja.. El Gaspar Ilóm movía la cabeza de un lado a otro.. Negar, moler la acusación del suelo en que estaba dormido con su petate, su sombra y su mujer y enterrado con sus muertos y su ombligo, sin poder deshacerse de una culebra de seiscientas mil vueltas de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, pájaros y retumbos que sentía alrededor del cuerpo.. -La tierra cae soñando de las estrellas, pero despierta en las que fueron montañas, hoy cerros pelados de Ilóm, donde el guarda canta con lloro de barranco, vuela de cabeza el gavilán, anda el zompopo, gime la espumuy y duerme con su petate, su sombra y su mujer el que debía trozar los párpados a los que chamuscan el monte y enfríar el cuerpo a los que atajan el agua de los ríos que corriendo duerme y no ve nada pero atajada en las pozas abre los ojos y lo ve todo con mirada honda.. El Gaspar se estiró, se encogió, volvió a mover la cabeza de un lado a otro para moler la acusación del suelo, atado de sueño y muerte por la culebra de seiscientas mil vueltas de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, lagos, pájaros y retumbos que le martajaba los huesos hasta convertirlo en una masa de frijol negro; goteaba noche de profundidades.. Y oyó, con los hoyos de sus orejas oyó:.. -Conejos amarillos en el cielo, conejos amarillos en el monte, conejos amarillos en el agua guerrearán con el Gaspar.. Empezará la guerra el Gaspar Ilóm arrastrado por su sangre, por su río, por su habla de ñudos ciegos.. La palabra del suelo hecha llama solar estuvo a punto de quemarle las orejas de tuza a los conejos amarillos en el cielo, a los conejos amarillos en el monte, a los conejos amarillos en el agua; pero el Gaspar se fue volviendo tierra que cae de donde cae la tierra, es decir, sueño que no encuentra sombra para soñar en el suelo de Ilóm y nada pudo la llama solar de la voz burlada por los conejos amarillos que se pegaron a mamar en un papayal, convertidos en papayas del monte, que se pegaron al cielo, convertidos en estrellas, y se disiparon en el agua como reflejos con orejas.. Tierra desnuda, tierra despierta, tierra maicera con sueño, el Gaspar que caía de donde cae la tierra, tierra maicera bañada por ríos de agua hedionda de tanto estar despierta, de agua verde en el desvelo de las selvas sacrificadas por el maíz hecho hombre sembrador de maíz.. De entrada se llevaron los maiceros por delante con sus quemas y sus hachas en selvas abuelas de la sombra, doscientas mil jóvenes ceibas de mil años.. En el pasto había un mulo, sobre el mulo había un hombre y en el hombre había un muerto.. Sus ojos eran sus ojos, sus manos eran sus manos, su voz era su voz, sus piernas eran sus piernas y sus pies eran sus pies para la guerra en cuanto escapara a la culebra de seiscientas mil vueltas de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, lagos, pájaros y retumbos que se le había enroscado en el cuerpo.. Pero cómo soltarse, cómo desatarse de la siembra, de la mujer, de los hijos, del rancho; cómo romper con el gentío alegre de los campos; cómo arrancarse para la guerra con los frijolares a media flor en sus brazos, las puntas de güisquil calientitas alrededor del cuello y los pies enredados en el lazo de la faina.. El aire de Ilóm olía a tronco de árbol recién cortado con hacha, a ceniza de árbol recién quemado por la roza.. Un remolino de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, lagos, pájaros y retumbos dio vueltas y vueltas y vueltas y vueltas en torno al cacique de Ilóm y mientras le pegaba el viento en las carnes y la cara y mientras la tierra que levantaba el viento le pegaba se lo tragó una media luna sin dientes, sin morderlo, sorbido del aire, como un pez pequeño.. La tierra de Ilóm olía a tronco de árbol recién cortado con hacha, a ceniza de árbol recién quemado por la roza.. Conejos amarillos en el cielo, conejos amarillos en el agua, conejos amarillos en el monte.. No abrió los ojos.. Los tenía abiertos, amontonados entre las pestañas.. Lo golpeaba la tumbazón de los latidos.. No se atrevía a moverse, a tragar saliva, a palparse el cuerpo desnudo temeroso de encontrarse el pellejo frío y en el pellejo frío los profundos barrancos que le había babeado la serpiente.. La claridad de la noche goteaba copal entre las cañas del rancho.. Su mujer apenas hacía bulto en el petate.. Respiraba boca abajo, como si soplara el fuego dormida.. El Gaspar se arrancó babeado de barrancos en busca de su tecomate, a gatas, sin más ruido que el de las coyunturas de sus huesos que le dolían como si hubiera efecto de la luna, y en la oscuridad, rayada igual que un poncho por la luz luciérnaga de la noche que se colaba a traves de las cañas del rancho, se le vio la cara de ídolo sediento, pegarse el tecomate como a un pezón y beber aguardiente a tragos grandes con voracidad de criatura que ha estado mucho tiempo sin mamar.. Una llamarada de tuza le agarró la cara al acabarse el tecomate de aguardiente.. El sol que pega en los cañales lo quemó por dentro: le quemó la cabeza en la que ya no sentía el pelo como pelo, sino como ceniza de pellejo y le quemó, en la cueva de la boca, el murciélago de la campanilla, para que durante el sueño no dejara escapar las palabras del sueño, la lengua que ya no sentía como lengua sino como mecate, y le quemó los dientes que ya no sentía como dientes, sino como machetes filudos.. En el suelo pegajoso de frío topó sus manos medio enterradas, sus dedos adheridos a lo hondo, a lo duro, a lo sin resonancia y sus uñas con peso de postas de escopeta.. Y siguió escarbando a su pequeño alrededor, como animal que se alimenta de cadáveres, en busca de su cuerpo que sentía desprendido de su cabeza.. Sentía la cabeza llena de aguardiente colgando como tecomate de un horcón del rancho.. Pero la cara no se la quemó el aguardiente.. El pelo no se lo quemó el aguardiente.. No lo enterró el aguardiente sino por agua de la guerra.. Bebió para sentirse quemado, enterrado, decapitado, que es como se debe ir a la guerra para no tener miedo: sin cabeza, sin cuerpo, sin pellejo.. Así pensaba el Gaspar.. Así lo hablaba con la cabeza separada del cuerpo, picuda, caliente, envuelta en estropajo canoso de luna.. Envejeció el Gaspar, mientras hablaba.. Su cabeza había caido al suelo como un tiesto sembrado de piecitos de pensamientos.. Lo que hablaba el Gaspar ya viejo, era monte.. Lo que pensaba era monte recordado, no era pelo nuevo.. De las orejas le salía el pensamiento a oír el ganado que le pasaba encima.. Una partida de nubes sobre pezuñas.. Cientos de pezuñas.. Miles de pezuñas.. El botín de los conejos amarillos.. La Piojosa Grande manoteó bajo el cuerpo del Gaspar, bajo la humedad caliente de maíz chonete del Gaspar.. Se la llevaba en los pulsos cada vez más lejos.. Habían pasado de sus pulsos más allá de ella, donde él empezaba a dejar de ser solo él y ella sola ella y se volvían especie, tribu, chorrera de sentidos.. La apretó de repente.. Manoteó la Piojosa.. Gritos y peñascos.. Su sueño regado en el petate como su mata de pelo con los dientes del Gaspar como peinetas.. Nada vieron sus pupilas de sangre enlutada.. Se encogió como gallina ciega.. Un puño de semillas de girasol en las entrañas.. Olor a hombre.. Olor a respiración.. Y al día siguiente:.. - Ve, Piojosa, diacún rato va a empezar la bulla.. Hay que limpiar la tierra de Ilóm de los que botan los árboles con hacha, de los que chamuscan el monte con las quemas, de los que atajan el agua del río que corriendo duerme y en las pozas abre los ojos y se pugre de sueño.. los maiceros.. ésos que han acabado con la sombra, porque la tierra que cae de las estrellas incuentra onde seguir soñando su sueño en el suelo de Ilóm, o a mí me duermen para siempre.. Arrejuntá unos trapos viejos pa amarrar a los trozados, que no falte totoposte, tasajo, sal, chile, lo que se lleva a la guerra.. Gaspar se rascó el hormiguero de las barbas con los dedos que le quedaban en la mano derecha, descolgó la escopeta, bajó al río y desde un matocho hizo fuego sobre el primer maicero que pasó.. Un tal Igiño.. El día siguiente, en otro lugar, venadeó al segundo maicero.. Uno llamándose Domingo.. Y un día con otro el Igiño, el Domingo, el Cleto, el Bautista, el Chalío, hasta limpiar el monte de maiceros.. El mata-palo es malo, pero el maicero es peor.. El mata-palo seca un árbol en años.. El maicero con sólo pegarle fuego a la roza acaba con el palerío en pocas horas.. Y qué palerío.. Maderas preciosas por lo preciosas.. Palos medicinales en montón.. Como la guerrilla con los hombres en la guerra, así acaba el maicero con los palos.. Humo, brasa, cenizal.. Y si fuera por comer.. Por negocio.. Y si fuera por cuenta propia, pero a medias en la ganancia con el patrón y a veces ni siquiera a medias.. El maíz empobrece la tierra y no enriquece a ninguno.. Ni al patrón ni al mediero.. Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz.. Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz.. El bastón rojo del Lugar de los Mantenimientos, mujeres con niños y hombres con mujeres, no echará nunca raíz en los maizales, aunque levanten en vicio.. Desmerecerá la tierra y el maicero se marchará con el maicito a otra parte, hasta acabar él mismo como un maicito descolorido en medio de tierras opulentas, propias para siembras que lo harían pistudazo y no ningunero que al ir ruineando la tierra por donde pasa siempre pobre, le pierde el gusto a lo que podría tener: caña en las bajeras calientes, donde el aire se achaparra sobre los platanares y sube el árbol de cacao, cohete en la altura, que, sin estallido, suelta bayas de almendras deliciosas, sin contar el café, tierras majas pringaditas de sangre, ni el alumbrado de los trigales.. Cielos de natas y ríos mantequillosos, verdes, despleyados, se confundieron con el primer aguacero de un invierno que fue puro baldío aguaje sobre las rapadas tierras prietas, hora un año milpeando, todas milpeando.. Daba lástima ver caer el chayerío del cielo en la sed caliente de los terrenos abandonados.. Ni una siembra, ni un surco, ni un maicero.. Indios con ojos de agua llovida espiaban las casas de los ladinos desde la montaña.. Cuarenta casas formaban el pueblo.. En los aguasoles de la mañana sólo uno que otro habitante se aventuraba por la calle empedrada, por miedo de que los mataran.. El Gaspar y sus hombres divisaban los bultos y si el viento era favorable alcanzaban a oír la bulla de los sanates peleoneros en la ceiba de la plaza.. El Gaspar es invencible, decían los ancianos del pueblo.. Los conejos de las orejas de tuza lo protegen al Gaspar, y para los conejos amarillos de las orejas de tuza no hay secreto, ni peligro, ni distancia.. Cáscara de mamey es el pellejo del Gaspar y oro su sangre - grande es su fuerza>>, grande es su danza>> - y sus dientes, piedra pómez si se ríe y piedra de rayo si muerde o los rechina, son su corazón en la boca, como sus carcañales son su corazón en sus pies.. La huella de sus dientes en las frutas y la huella de sus pies en los caminos sólo la conocen los conejos amarillos.. Palabra por palabra, esto decían los ancianos del pueblo.. Se oye que andan cuando anda el Gaspar.. Se oyen que hablan cuando habla el Gaspar.. El Gaspar anda por todos los que anduvieron, todos los que andan y todos los que andarán.. El Gaspar habla por todos los que hablaron, todos los que hablan y todos los que hablarán.. Esto decían los ancianos del pueblo a los maiceros.. La tempestad aporreaba sus tambores en la mansión de las palomas azules y bajo la sábanas de las nubes en las sabanas.. Pero un día después de un día, el habla ñudosa de los ancianos anunció que de nuevo se acercaba la montada.. El campo sembrado de flores amarillas advertía sus peligros al protegido de los conejos amarillos.. A qué hora entró la montada en el pueblo? A los ladinos amenazados de muerte por los indios les parecía un sueño.. No se hablaban, no se movían, no se veían en la sombra dura como las paredes.. Los caballos pasaban ante sus ojos como gusanos negros, los jinetes se adivinaban con caras de alfajor quemado.. Había dejado de llover, pero asonsaba el olor de la tierra mojada y el pestazo del zorrillo.. El Gaspar mudó de escondite.. En el azul profundo de la noche de Ilóm se paseaban conejillos rutilantes de estrella en estrella, señal de peligro, y olía la montaña a pericón amarillo.. Mudó de escondite el Gaspar Ilóm con la escopeta bien cargada de semillita de oscurana -eso es la pólvora -, semillita de oscurana mortal, el machete desnudo al cinto, el tecomate con aguardiente, un paño con tabaco, chile, sal y totoposte, dos hojitas de laurel pegadas con saliva a los sentidos sustosos, un vidrio con aceite de almendras y un cajita con pomada de león.. Grande era su fuerza, grande era su danza.. Su fuerza eran las flores.. Su danza eran las nubes.. El corredor del Cabildo quedaba en alto.. Abajo se veía la plaza panzona de agua llovida.. Cabeceaban en la humedad humosa de sus alientos las bestias ensilladas, con los frenos amarradas en las arciones y la cincha floja.. Desde que llegó la montada olía el aire a caballo mojado.. El jefe de la montada iba y venía por el corredor.. Una  ...   oscuridad, al compás de la marimba, como esos fantasmas que salen de los ríos cuando llueve de noche.. En la mano de su compañera dejó el Jefe de la Expedicionaria en campaña, un frasquito, santo remedio, dijo, para el jiote de indio.. II.. Al sol le salió el pelo.. El verano fue recibido en los dominios del cacique de Ilóm con miel de panal untada en las ramas de los árboles frutales, para que las frutas fueran dulces; tocoyales de siemprevivas en las cabezas de las mujeres, para que las mujeres fueran fecundas; y mapaches muertos colgados en las puertas de los ranchos, para que los hombres fueran viriles.. Los brujos de las luciérnagas, descendientes de los grandes entrechocadores de pedernales, hicieron siembra de luces con chispas en el aire negro de la noche para que no faltaran estrellas guiadoras en el invierno.. Los brujos de las luciérnagas con chispas de piedra de rayo.. Los brujos de las luciérnagas, los que moraban en tiendas de piel de venada virgen.. Luego se encendieron fogarones con quien conversar del calor que agostaría las tierras si venía pegando con la fuerza amarilla, de las garrapatas que enflaquecían el ganado, del chapulín que secaba la humedad del cielo, de las quebradas sin agua, donde el barro se arruga año con año y pone cara de viejo.. Alrededor de los fogarones, la noche se veía como un vuelo tupido de pajarillos de pecho negro y alas azules, los mismos que los guerreros llevaron como tributo al Lugar de la Abundancia, y hombres cruzados por cananas, las posaderas sobre los talones.. Sin hablar, pensaban: la guerra en el verano es siempre más dura para los de la montaña que para los de la montada, pero en el otro invierno vendrá el desquite, y alimentaban la hoguera con espineros de grandes shutes, porque en el fuego de los guerreros, que es el fuego de la guerra, lloran hasta las espinas.. Cerca de los fogarones otros hombres se escarbaban las uñas de los pies con sus machetes, la punta del machete en la uña endurecida como roca por el barro de las jornadas, y las mujeres se contaban los lunares, risa y risa, o contaban las estrellas.. La que más lunares tenía era la nana de Martín Ilóm, el recién parido hijo del cacique Gaspar Ilóm.. La que más lunares y más piojos tenía.. La Piojosa Grande, la nana de Martín Ilóm.. En su regazo de tortera caliente, en sus trapos finos de tan viejos, dormía su hijo como una cosa de barro nuevecita y bajo el coxpi, cofia de tejido ralo que le cubría la cabeza y la cara para que no le hicieran mal ojo, se oía su alentar con ruido de agua que cae en tierra porosa.. Mujeres con niños y hombres con mujeres.. Claridad y calor de los fogarones.. Las mujeres lejos en la claridad y cerca en la sombra.. Los hombres cerca en la claridad y lejos en la sombra.. Todos en el alboroto de las llamas, en el fuego de los guerreros, fuego de la guerra que hará llorar a las espinas.. Así decían los indios más viejos, con el movimiento senil de sus cabezas bajo las avispas.. O bien decían, sin perder su compás de viejos: Antes que la primera cuerda de maguey fuera trenzada se trenzaron el pelo las mujeres.. O bien: Antes que hombre y mujer se entrelazaran por delante hubo los que se entrelazaron del otro lado de la faz.. O:.. El Avilantro arrancó los aretes de oro de las orejas de los señores.. Los señores gimieron ante la brutalidad.. Y le fueron dadas piedras preciosas al que arrancó los aretes de oro de las orejas de los señores.. O: Eran atroces.. Un hombre para una mujer, decían.. Una mujer para un hombre, decían.. Atroces.. La bestia era mejor.. La serpiente era mejor.. El peor animal era mejor que el hombre que negaba su simiente a la que no era su mujer y se quedaba con su simiente a la temperatura de la vida que negaba.. Adolescentes con cara de bucul sin pintar jugaban entre los ancianos, entre las mujeres, entre los hombres, entre las fogatas, entre los brujos de las luciérnagas, entre los guerreros, entre las cocineras que hundían los cucharones de jícara en las ollas de los puliques, de los sancochos, del caldo de gallina, de los pepianes, para colmar las escudillas de loza vidriada que les iban pasando y pasando y pasando y pasando los invitados, sin confundir los pedidos que les hacían, si pepián, si caldo, si pulique.. Las encargadas del chile colorado rociaban con sangre de chile huaque las escudillas de caldo leonado, en el que nadaban medios güisquiles espinudos, con cáscara, carne gorda, pacayas, papas deshaciéndose, güicoyes en forma de conchas, y manojitos de ejotes, y trozaduras de ichintal, todo con su gracia de culantro, sal, ajo y tomate.. También rociaban con chile colorado las escudillas de arroz y caldo de gallina, de siete gallinas, de nueve gallinas blancas.. Las tamaleras, zambas de llevar fuego, sacaban los envoltorios de hoja de plátano amarrados con cibaque de los apastes aborbollantes y los abrían en un dos por tres.. Las que servían los tamales abiertos, listos para comerse, sudaban como asoleadas de tanto recibir en la cara el vaho quemante de la masa de maíz cocido, del recado de vivísimo rojo y de sus carnes interiores, tropezones para los que en comenzando a comer el tamal, hasta chupándose los dedos y entran en confianza con los vecinos, porque se come con los dedos.. El convidado se familiariza alrededor de donde se comen los tamales, a tal punto que sin miramiento prueba el del compañero o pide la repetición, como los muy confianzudos de los guerrilleros del Gaspar que decían a las pasadoras, no sin alargar la mano para tocarles las carnes, manoseos que aquéllas rehuían o contestaban a chipotazos: Treme otro, mija!.. Tamales mayores, rojos y negros, los rojos salados, los negros de chumpipe, dulces y con almendras; y tamalitos, acólitos en roquetes de tuza blanca, de bledos, choreques, lorocos, pitos o flor de ayote; y tamalitos con anís, y tamalitos de elote, como carne de muchachito de maíz sin endurecer.. Treme otro, mija!.. Las mujeres comían unas como manzanarrosas de masa de maíz raleada con leche, tamalitos coloreados con grana y adornados con olor.. Las cocineras se pasaban el envés de la mano por la frente para subirse el pelo.. A veces le echaban mano a la mano para restregarse las narices moquientas de humo y tamal.. Las encargadas de los asados le gozaban el primer olor a la cecina: carne de res seca compuesta con naranja agria, mucha sal y mucho sol, carne que en el fuego, como si reviviera la bestia, hacía contorsiones de animal que se quema.. Otros ojos se comían otros platos.. Güiras asadas.. Yuca con queso.. Rabo con salsa picante que por lo meloso del hueso parece miel de bolita.. Fritangas con sudor de sietecaldos.. Los bebedores de chilate acababan con el guacal en que bebían como si se lo fueran a poner de máscara, para saborear así hasta el último poquito de puzunque salobre.. En tazas de bola servían el atol shuco, ligeramente morado, ligeramente ácido.. A eloatol sabía el atol de suero de queso y maíz, y a rapadura, el atol quebrantado.. La manteca caliente ensayaba burbujas de lluvia en las torteras que se iban quedando sin la gloria de los platanos fritos, servidos enteros y con aguamiel a mujeres que además cotorreaban por probar el arroz en leche con rajitas de canela, los jocotes en dulce y los coyoles en miel.. La Vaca Manuel Machojón se levantó de la pila de ropas en que estaba sentada, usaba muchas enaguas y muchos fustanes desde que bajó con su marido, el señor Tomás Machojón, a vivir a Pisigüilito, de donde habían subido a la fiesta del Gaspar.. Se levantó para agradecer el convite a la Piojosa Grande que seguía con el hijo del Gaspar Ilóm en el regazo.. La Vaca Manuel Machojón dobló la rodilla ligeramente y con la cabeza agachada dijo:.. - Debajo de mi sobaco te pondré, porque tienes blanco el corazón de tortolita.. Te pondré en mi frente, por donde voló la golondrina de mi pensamiento, y no te mataré en la estera blanca de mi uña aunque te coja en la montaña negra de mi cabello, porque mi boca comió y oyó mi oreja agrados de tu compañía de sombra y agua, de estrella granicera, de palo de la vida qe da color de sangre.. Batido en jícaras que no se podían tener en los dedos, tan quemante era el líquido oloroso a pinol que contenían, agua con rosicler en vasos ordinarios, café en pocillo, chicha en batidor, aguardiente a guacalazos mantenían libres los gaznates para la conversación periquera y la comida.. La Vaca Manuela Machojón no repitió sus frases de agradecimiento.. Como un pedazo de montaña, con su hijo entre los brazos, se perdió en lo oscuro la Piojosa Grande.. - La Piojosa Grande se juyó con tu hijo.. -corrió a decir la Vaca Manuela Machojón al Gaspar que comía entre los brujos de las luciérnagas, los que moraban en tiendas de piel de venada virgen y se alimentaban de tepezcuintle.. Y el que veía en la sombra mejor que gato de monte, tenía los ojos amarillos en la noche, se levantó, dejó la conversación de los brujos que era martillito de platero y.. - Con licencia.. -dijo al señor Tomás Machojón y a la Vaca Manuela Machojón, que habían subido a la fiesta con noticias de Pisigüilito.. De un salto alcanzó a la Piojosa Grande.. La Piojosa Grande le oyó saltar entre los árboles como su corazón entre sus trapos y caer frente a su camino de miel negra, con los dedos como flechas de punta para dar la muerte, viéndola con los ojos cerrados de cuyas junturas mal cosidas por las pestañas salían mariposas (no estaba muerto y los gusanos de sus lágrimas ya eran mariposas), hablándola con su silencio, poseyéndola en un amor de diente y pitahaya.. Él era su diente y ella su encía de pitahaya.. La Piojosa Grande hizo el gesto de tomar el guacal que el Gaspar llevaba en las manos.. Ya lo habían alcanzado los brujos de las luciérnagas y los guerrilleros.. Pero sólo el gesto, porque en el aire detuvo los dedos dormidos al ver al cacique de Ilóm con la boca húmeda de aquel aguardiente infame, líquido con peso de plomo en el que se reflejaban dos raíces blancas, y echó a correr otra vez como agua que se despeña.. El pavor apagó las palabras.. Caras de hombres y mujeres temblaban como se sacuden las hojas de los árboles macheteados.. Gaspar levantó la escopeta, se la afianzó en el hombro, apuntó certero y.. no disparó.. Una joroba a la espalda de su mujer.. Su hijo.. Algo así como un gusano enroscado a la espalda de la Piojosa Grande.. Al acercársele la Vaca Manuela Machojón a darle afectos recordó la Piojosa Grande que había soñado, despertó llorando como lloraba ahora que ya no podía despertar, que dos raíces blancas con movimientos de reflejos en el agua golpeada, penetraban de la tierra verde a la tierra negra, de la superficie del sol al fondo de un mundo oscuro.. Bajo la tierra, en ese mundo oscuro, un hombre asistía, al parecer, a un convite.. No les vio la cara a los invitados.. Rociaban ruido de espuelas, de látigos, de salivazos.. Las dos raíces blancas teñían el líquido ambarino del guacal que tenía en las manos el hombre del festín subterráneo.. El hombre no vio el reflejo de las raíces blancas y al beber su contenido, palideció, gesticuló, se tiró al suelo, pataleó, sintiendo que las tripas se le hacían pedazos, espumante la boca, morada la lengua, fijos los ojos, las uñas casi negras en los dedos amarillos de luna.. A la Piojosa Grande le faltaban carcañales para huir más a prisa, para quebrar los senderos más a prisa, los tallos de los senderos, los troncos de los caminos tendidos sobre la noche sin corazón que se iba tragando el lejano resplandor de los fogarones fiesteros, las voces de los convidados.. El Gaspar Ilóm apareció con el alba después de beberse el río para apagarse la sed del veneno en las entrañas.. Se lavó las tripas, se lavó la sangre, se deshizo de su muerte, se la sacó por la cabeza, por los brazos igual que ropa sucia y la dejó ir en el río.. Vomitaba, lloraba, escupía al nadar entre las piedras cabeza adentro, bajo del agua, cabeza afuera temerario, sollozante.. Qué asco la muerte, su muerte.. El frío repugnante, la paralización del vientre, el cosquilleo en los tobillos, en las muñecas, tras las orejas, al lado de las narices, que forman terribles desfiladeros por donde corren hacia los barrancos el sudor y el llanto.. Vivo, alto, la cara de barro limón, el pelo de nige lustroso, los dientes de coco granudos, blancos, la camisa y calzón pegados al cuerpo, destilando mazorcas líquidas de lluvia lodosa, algas y hojas, apareció con el alba el Gaspar Ilóm, superior a la muerte, superior al veneno, pero sus hombres habían sido sorprendidos y aniquilados por la montada.. En el suave resplandor celeste de la madrugada, la luna dormilona, la luna de la desaparición con el conejo amarillo en la cara, el conejo padre de todos los conejos amarillos en la cara de la luna muerta, las montañas azafranadas, baño de trementina hacia los valles, y el lucero del alba, el Nixtamalero.. Los maiceros entraban de nuevo a las montañas de Ilóm.. Se oía el golpe de sus lenguas de hierro en los troncos de los árboles.. Otros preparaban las quemas para la siembra, meñiques de una voluntad oscura que pugna, después de milenios, por libertar al cautivo del colibrí blanco, prisionero del hombre en la piedra y en el ojo del grano de maíz.. Pero el cautivo puede escapar de las entrañas de la tierra, al calor y resplandor de las rozas y la guerra.. Su cárcel es frágil y si escapa el fuego, qué corazón de varón impávido luchará contra él, si hace huir a todos despavoridos?.. El Gaspar, al verse perdido, se arrojó al río.. El agua que le dio la vida contra el veneno, le daría la muerte contra la montada que disparó sin hacer blanco.. Después sólo se oyó el zumbar de los insectos.. Fuentes:.. Asturias, Miguel Angel.. Hombres de maiz.. Ed.. crítica, 1.. ed.. / coordinador, Gerald Martin.. Nanterre, France : ALLCA XX, Université Paris X, Centre de recherches latino-américaines, 1992.. Series title: Colección Archivos ; 21..

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  • Title: Guatemala
    Descriptive info: A mi madre,.. que me contaba cuentos.. GUATEMALA.. La carreta llega al pueblo rodando un paso hoy y otro mañana.. En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está la primera tienda.. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho, han visto espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta cuando pasan los húngaros: esos que roban niños, comen caballo, hablan con el diablo y huyen de Dios.. La calle se hunde como la hoja de una espada quebrada en el puño de la plaza.. La plaza no es grande.. La estrecha el marco de sus portales viejos, muy nobles y muy viejos.. Las familias principales viven en ella y en las calles contiguas, tienen amistad con el obispo y el alcalde y no se relacionan con los artesanos, salvo, el día del apóstol Santiago, cuando, por sabido se calla, las señoritas sirven el chocolate de los pobres en el Palacio Episcopal.. En verano, la arboleda se borra entre las bojas amarillas, los paisajes aparecen desnudos, con claridad de vino viejo, y en invierno, el río crece y se lleva el puente.. Como se cuenta en las historias que abora nadie cree - ni las abuelas ni los niños -, esta ciudad fue construida sobre ciudades enterradas en el centro de América.. Para unir las piedras de sus muros la mezcla se amasó con leche.. Para señalar su primera huella se enterraron envoltorios de tres dieces de plumas y tres dieces de cañutos de oro en polvo junto a la yerba-mala, atestigua un recio cronicón de linajes; en un palo podrido, saben otros, o bien bajo rimeros de leña o en la montaña de la que surgen fuentes.. Existe la creencia de que los árboles respiran el aliento de las personas que habitan las ciudades enterradas, y por eso, costumbre legendaria y familiar, a su sombra se aconsejan los que tienen que resolver casos de conciencia, los enamorados alivian su pena, se orientan los romeros perdidos del camino y reciben inspiración los poetas.. Los árboles hechizan la ciudad entera.. La tela delgadísima del sueño se puebla de sombras que la hacen temblar.. Ronda por Casa-Mata la Tatuana.. El Sombrerón recorre los portales de un extremo a otro; salta, rueda, es Satanás de hule.. Y asoma por las vegas el Cadejo, que roba mozas de trenzas largas y hace ñudos en las crines de los caballos.. Empero, ni una pestaña se mueve en el fondo de la ciudad dormida, ni nada pasa realmente en la carne de las cosas sensibles.. El aliento de los árboles aleja las montañas, donde el camino ondula como hilo de humo.. Oscurece, sobrenadan naranjas, se percibe el menor eco, tan honda repercussión tiene en el paisaje dormido una hoja que cae o un pájaro que canta, y despierta en el alma el Cuco de los Sueños.. El Cuco de los Sueños hace ver una ciudad muy grande - pensamiento claro que todos llevamos dentro -, cien veces más grande que esta ciudad de casas pintaditas en medio de la Rosca de San Blas.. Es una ciudad formada de ciudades enterradas, superpuestas, como los pisos de una casa de altos.. Piso sobre piso.. Ciudad sobre ciudad.. Libro de estampas viejas, empastado en piedra con páginas de oro de Indias, de pergaminos españoles y de papel republicano! Cofre que encierra las figuras heladas de una quimera muerta, el oro de las minas y el tesoro de los cabellos blancos de la luna guardados en sortijas de plata! Dentro de esta ciudad de altos se conservan intactas las ciudades antiguas.. Por las escaleras suben imágenes de sueño sin dejar huella, sin hacer ruido.. De puerta en puerta van cambiando los siglos.. En la luz de las ventanas parpadean las sombras.. Los fantasmas son las palabras de la eternidad.. El Cuco de los Sueños va hilando los cuentos.. En la ciudad de Palenque, sobre el cielo juvenil, se recortan las terrazas bañadas por el sol, simétricas, sólidas y simples, y sobre los bajorrelieves de los muros, poco cincelados a pesar de su talladura, los pinos delinean sus figuras ingenuas.. Dos princesas juegan alrededor de una jaula de burriones, y un viejo de barba niquelada sigue la estrella tutelar diciendo augurios.. Las princesas juegan.. Los burriones vuelan.. El viejo predice.. Y como en los cuentos, tres días duran los burriones, tres días duran las princesas.. En la ciudad de Copán, el Rey pasea sus venados de piel de plata por los jardines de Palacio.. Adorna el real hombro la enjoyada pluma del nahual.. Lleva en el pecho conchas de embrujar, tejidas sobre hilos de oro.. Guardan sus antebrazos brazaletes de caña tan pulida que puede competir con el marfil más fino.. Y en la frente lleva suelta, insigne pluma de garza.. En el crepúsculo romántico, el Rey fuma tabaco en una caña de bambú.. Los árboles de madre-cacao dejan caer las hojas.. Una Iluvia de corazones es bastante tributo para tan gran señor.. El Rey está enamorado y malo de bubas, la enfermedad del sol.. Es el tiempo viejo de las horas viejas.. La arquitectura pesada y suntuosa de Quiriguá hace pensar en las ciudades orientales.. El aire tropical deshoja la felicidad indefinible de los besos de amor.. Bálsamos que demayan.. Bocas húmedas, anchas y calientes.. Aguas tibias  ...   Alguna puerta se abre dando paso al señor obispo, que viene seguido del señor alcalde.. Se habla a media voz.. Se ve con los párpados caídos.. La visión de la vida a través de los ojos entreabiertos es clásica en las ciudades conventuales.. Calles de huertos.. Arquerias.. Patios solariegos donde hacen labor las fuentes claras.. Grave metal de las campanas.. Ojalá se conserve esta ciudad antigua bajo la cruz católica y la guarda fiel de sus volcanes! Luego, fiestas reales celebradas en geniales días, y festivas pompas.. Las señoras, en sillas de altos espaldares, se dejan saludar por caballeros de bigote petulante y traje de negro y plata.. Ésta une al pie breve la mirada languida.. Aquélla tiene los cabellos de seda.. Un perfume desmaya el aliento de la que ahora conversa con un señor de la Audiencia.. La noche penetra.. penetra.. El obispo se retira, seguido de los bedeles.. El tesorero, gentil hombre y caballero de la orden de Montesa, relata la historia de los linajes.. De los veladores de vidrio cae la luz de las candelas entumecida y eclesiástica.. La música es suave, bullente, y la danza triste a compás de tres por cuatro.. A intervalos se oye la voz del tesorero que comenta el tratamiento de "Muy ilustre Señor" concedido al conde de la Gomera, capitán general del Reino, y el eco de dos relojes viejos que cuentan el tiempo sin equivocarse.. Estamos en el templo de San Francisco.. Se alcanzan a ver la reja que cierra el altar de la Virgen de Loreto, los pavimentos de azulejos de Génova, las colgaduras de Damasco, los tafetanes de Granada y los terciopelos carmesí y de brocado.. Silencio! Aquí se han podrido más de tres obispos y las ratas arrastran malos pensamientos.. Por las altas ventanas entra furtivamente el oro de la luna.. Media luz.. Las candelas sin llamas y la Vírgen sin ojos en la sombra.. Una mujer llora delante de la Vírgen.. Su sollozo en un hilo va cortando el silencio.. El hermano Pedro de Betancourt viene a orar después de medianoche: dio pan a los hambrientos, asilo a los huérfanos y alivio a los enfermos.. Su paso es imperceptible.. Anda como vuela una paloma.. Imperceptiblemente se acerca a la mujer que llora, le pregunta qué penas la aquejan, sin reparar en que es la sombra de una mujer inconsolable, y la oye decir:.. Lloro porque perdí a un hombre que amaba mucho; no era mi esposo, pero lo amaba mucho!.. Perdón, hermano, esto es pecado!.. El religioso levantó los ojos para buscar los ojos de la Vírgen, y.. , que raro!, había crecido y estaba más fuerte.. De improviso sintió caer sobre sus hombros la capa aventurera, la espada ceñida a su cintura, la bota a su pierna, la espuela a su talón, la pluma a su sombrero.. Y comprendiéndolo todo, porque era santo, sin decir palabra inclinóse ante la dama que seguia llorando.. Don Rodrigo?.. Con el tino del loco que se propone atrapar su propia sombra, ella se puso en pie, recogió la cola de su traje, llegóse a é1 y le cubrió de besos.. Era el mismo Don, Rodrigo!.. Era el mismo Don Rodrigo!.. Dos sombras felices salen de la iglesia - amada y amante - y se pierden en la noche por las calles de la ciudad, torcidas como las costillas del infierno.. Y a la mañana que sigue cuéntase que el hermano Pedro estaba en la capilla profundamente dormido, más cerca que nunca de los brazos de Nuestra Señora.. De los telares asciende un siseo de moscas presas.. Un razraz de escarabajo escapa de los rincones venerables donde los cronistas del rey, nuestro señor, escriben de las cosas de Indias.. Un lero-lero de ranas se oye en los coros donde la voz de los canónigos salmodia al crepúsculo.. Palpitación de yunques, de campanas, de corazones.. Pasa Fray Payo Enríquez de Rivera.. Lleva oculta, en la oscuridad de su sotana, la luz.. La tarde sucumbe rapidamente.. Fray Payo llama a la puerta de una casa pequeña e introduce una imprenta.. Las primeras voces me vienen a despertar; estoy llegando.. Guatemala de la Asunción, tercera ciudad de los Conquistadores! Ya son verdad las casitas blancas sorprendidas desde la montaña como juguetes de nacimiento.. Me llena de orgullo el gesto humano de sus muros - clérigos o soldados vestidos por el tiempo -, me entristecen los balcones cerrados y me aniñan los zaguanes abuelos.. Ya son verdad las carreras de los rapaces que se persiguen por las calles y las voces de las niñas que juegan a Andares:.. - " Andares! Andares!".. - " Qué te dijo Andares?".. - " Que me dejaras pasar!".. - Mi pueblo! Mi pueblo, repito, para creer que estoy llegando! Su llanura feliz.. La cabellera espesa de sus selvas.. Sus montañas inacabables que al redor de la ciudad forman la Rosca de San Blas.. Sus lagos.. La boca y la espalda de sus cuarenta volcanes.. El patrón Santiago.. Mi casa y las casas.. La plaza y la iglesia.. El puente.. Los ranchos escondidos en las encrucijadas de las calles arenosas.. Las calles enredadas entre los cercos de yerba-mala y chichicaste.. El río que arrastra continuamente la pena de los sauces.. Las flores de izote.. - Mi pueblo! Mi pueblo!..

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  • Title: Ahora que me acuerdo
    Descriptive info: AHORA QUE ME ACUERDO.. Los Güegüechos de gracia José y Agustina, conocidos en el pueblo con los diminutivos de Don Chepe y la Niña Tina hacen la cuenta de mis años con granos de maiz, sumando de uno en uno de izquierda a derecha, como los antepasados los puntos que señalan los siglos en las piedras.. El cuento de los años es triste.. Mi edad les hace entristecer.. - El influjo hechicero del chipilín - habla la Niña Tina - me privó de la conciencia del tiempo, comprendido como sucesión de días y de años.. El chipilín, arbolito de párpados con sueño, destruye la acción del tiempo y bajo su virtud se llega al estado en que enterraron a los caciques, los viejos sacerdotes del reino.. - Oí cantar - habla Don Chepe- a un guardabarranca bajo la luna llena, y su trino me goteó de mielita hasta dejarne lindo y transparente.. El sol no me vido y los días pasaron sin tocarme.. Para prolongar mi vida para toda la vida, alcancé el estado de la trasparencia bajo el hechizo del guardabarranca.. - Es verdad - hablé el último -, les dejé una mañana de abril para salir al bosque a caza de venados y palomas, y, ahora que me acuerdo, estaban como están y tenían cien años.. Son eternos.. Son el alma sin edad de las piedras y la tierra sin vejez de los campos.. Sali del pueblo muy temprano, cuando por el camino amanecia sobre las cabalgatas.. Aurora de agua y miel.. Blanca respiración de los ganados.. Entre los liquidámbares cantaban los cenzontles.. La flor de las verbenas queria reventar.. Entré al bosque y seguí bajo los árboles como en una procesión de patriarcas.. Detrás de los follajes clareaba el horizonte con oro y colores de vitral.. Los cardenales parecían las lenguas del Espíritu Santo.. Yo iba viendo el cielo.. Primitivo, inhumano e infantil, en ese tiempo me llamaban Cuero de Oro, y mi casa era asilo de viejos cazadores.. Sus estancias contarían, si hablasen, las historias que oyeron contar.. De sus paredes colgaban cueros, cornamentas, armas, y la sala tenía en marcos negros estampas de cazadores rubios y anima les perseguidos por galgos.. Cuando yo era niño, encontraba en aquellas estampas que los venados heridos se parecían a San Sebastián.. Dentro de la selva, el bosque va cerrando caminos.. Los árboles caen como moscas en la telaraña de las malezas infranqueables.. Y a cada paso, las liebres ágiles del eco saltan, corren, vuelan.. En la amorosa profundidad de la penumbra: el tuteo de las palomas, el aullido del coyote, la carrera de la danta, el paso del jaguar, el vuelo del milano y mi paso despertaron el eco de las tribus errantes que vinieron del mar.. Aquí fué donde comenzó su canto.. Aquí fué donde comenzó su vida.. Comenzaron la vida con el alma en la mano.. Entre el sol, el aire y la tierra bailaron al compás de sus lágrimas cuando iba a salir la luna.. Aquí, bajo los árboles de anona.. Aquí, sobre la flor de capulí.. Y bailaban cantando:.. Salud, oh constructores, oh formadores! Vosotros veis.. Vosotros escticháis.. Vosotros! No nos abatidonéis, no nos dejéis, oh, dioses!, en el cielo, sobre la tierra, Espíritu del cielo, Espíritu de la tierra.. Dadnos nuestra descendencia, nuestra posteridad, mientras haya días, mientras haya albas.. Que la germinación se haga.. Que el alba se haga.. Que numerosos sean los verdes caminos, las verdes sendas que vosotros nos dáis.. Que tranquilas, muy tranquilas estén las tribus.. Que perfectas, muy perfectas sean las tribus.. Que perfecta sea la vida, la existencia que nos dáis.. Oh, maestro gigante.. Huella del relámpago, Esplendor del relámpago, Huella del Muy Sabio, Esplendor del Muy Sabio, Gavilán, Maestros-magos, Dominadores, Poderosos del cielo, Procreadores, Engendradores, Antiguo secreto, Antigua ocultadora, Abuela del día, Abuela del alba!.. Que la germinación se haga, que el alba se haga!.. Y bailaban, cantando.. Salve, Bellezas del Día, Maestros gigantes, Espíritus del Cielo, de la tierra, Dadores del Amarillo, del Verde, Dadores de Hijas, de Hijos! Volveos hacia nosotros, esparcid el verde, el amarillo, dad la vida, la existencia a mis hijos, a mi prole! Que sean engendrados, que nazcan vuestros sostenes, vuestros nutridores, que os invoquen en el camino, en la senda, al borde de los ríos, en los barrancos, bajo los árboles, bajo los bejucos! Dadles hijas, hijos! !Que no haya desgracia ni infortunio! Que la mentira no  ...   - partido por la mitad - aeiou -, pero cogido de las manos - criiii.. criiii!.. Los güegüechos oyen mi relato sin moverse, así como los santos de mezcla embutidos en los nichos de las iglesias, y sin decir palabra.. - Bailando como loco topé el camino negro donde la sombra dice: Camino rey es éste y quien lo siga el rey será! Allí vide a mi espalda el camino verde, a mi derecha el rojo y a mi izquierda el blanco.. Cuatro caminos se cruzan antes de Xibalbá.. Sin rumbo, los cuatro caminos éranme vedados; después de consultar con mi corazón, me detuve a esperar la aurora llorando de fatiga y de sueño.. En la oscuridad fueron surgiendo imágenes fantásticas y absurdas: ojos, manos, estómagos, quijadas.. Numerosas generaciones de hombres se arrancaron la piel para enfundar la selva.. Inesperadamente me encontré en un bosque de árboles humanos: veían las piedras, hablaban las hojas, reían las agas y movíanse con voluntad propia el sol, la luna, las estrellas, el cielo y la tierra.. Los caminos se enroscaron y el paisaje fué apareciendo en la claridad de las distancias enigmático y triste, como una mano que se descalza el guante.. Líquenes espesos acorazaban los troncos de las ceibas.. Lor robles más altos ofrecían orquideas a las nubes que el sol acababa de violar y ensangrentar en el crepúsculo.. El culantrillo simulaba una lluvia de esmeraldas en el cuello carnoso de los cocos.. Los pinos estaban hechos de pestañas de mujeres románticas.. Cuando los caminos habían desaparecido por opuestas direcciones - opuestas estan las cuatro extremidades del cielo -, la oscuridad volvió a esponjar las cosas, colándolas en la penumbra hasta hacerlas polvo, nada, sombra.. El tigre de la luna, el tigre de la noche y el tigre de la dulce sonrisa vinieron a disputar mi vida.. Caída el ala de la lechuza, lanzáronse al asalto; pero en el momento de ir garra y comillo a destrozar la imagen de Dios - yo era en ese tiempo la imagen de Dios -, la medianoche se enroscó a mis pies y los follajes por donde habían pasado reptando los caminos, desanilláronse en culebras de cuatro colores subiendo el camino de mi epidermis blando y tibio para el frío raspón de sus escamas.. Las negras frotaron mis cabellos hasta dormirse de contentas, como hembras con su machos.. Ls blancas ciñéronme la frente.. Las verdes me cubrieron los pies con plumas de kukul.. Y las rojas los órganos sagrados.. - Titilganabáh! Titilganabáh!.. - gritan los güegüechos -.. Les callo para seguir contando.. - Aislado en mil anillos de culebra, concupiscente, torpe, tuve la sexual agonía de sentir que me nacían raices.. La noche era tan oscura que el agua de los ríos se golpeaba en las piedras de los montes, y más allá de los montes, Dios, que hace a veces de dentista loco, arrancaba los arboles de cuajo con la mano del viento.. - Noche delirante! Bailes en las frondas! Los encinales se perseguían bajo las nubes negras, sacudiéndose el rocío como caballerías sueltas.. Bailes en las frondas! Noche delirante! Mis raices crecieron y ramificánronse estimuladas por su afán geocéntrico.. Taladré craneos y ciudades, y pensé y sentí con las raices añorando la movilidad de cuando no era viento, ni sangre, ni espíritu, ni éter en el éter que llena la cabeza de Dios.. - A lo largo de mis raices, innumerables y sin nombres, destilose mi palidez centrina (Cuero de Oro), el betún de mis ojos, mis ojeras y mi vida sin pricipio ni fin.. - Titilganabáh!.. - Y después.. - concluí fatigado -, sus personas me oyen, sus personas me tienen, sus personas me ven.. A medida que taladro más hondo, más hondo me duele el corazón!.. Pero acuérdaseme ahora que he venido a oír contar leyendas de Guatemala y no me cuadra que sus mercedes callen de una pieza, como se les hubiesen comido la lengua los ratones.. La tarde cansa con su mirar de bestia maltratada.. En la tienda hace noche, flota el aroma de las especias, vuelan las moscas turbando el ritmo de la destiladera, y por las pajas del techo la luz alarga pajaritas de papel sobre los muros de adobe.. - Los ciegos ven el camino con los ojos de los perros!.. - concluye Don Chepe.. - Las alas son cadenas que nos atan al cielo!.. - concluye la Niña Tina.. Y se corta la conversación..

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  • Title: Leyenda del volcán
    Descriptive info: Leyenda del volcán.. Hubo en un siglo un día que duró muchos.. siglos.. Seis hombres poblaron la Tierra de los Arboles: los tres que venían en el viento y los tres que venían en el agua, aunque no se veían más que tres.. Tres estaban escondidos en el río y sólo les veían los que venían en el viento cuando bajaban del monte a beber agua.. Seis hombres poblaron la Tierra de los Arboles.. Los tres que venían en el viento correteaban en la libertad de las campiñas sembradas de maravillas.. Los tres que venían en el agua se colgaban de las ramas de los árboles copiados en el río a morder las frutas o a espantar los pájaros, que eran muchos y de todos colores.. Los tres que venían en el viento despertaban a la tierra, como los pájaros, antes que saliera el sol, y anochecido, los tres que venían en el agua se tendían como los peces en el fondo del río sobre las yerbas pálidas y elásticas, fingiendo gran fatiga; acostaban a la tierra antes que cayera el sol.. Los tres que venían en el viento, como los pájaros, se alimentaban de frutas.. Los tres que venían en el agua, como los peces , se alimentaban de estrellas.. Los tres que venían en el viento pasaban la noche en los bosques, bajo las hojas que las culebras perdidizas removían a instantes o en lo alto de las ramas, entre ardillas, pizotes, micos, micoleones, garrobos y mapaches.. Y los tres que venían en el agua, ocultos en la flor de las pozas o en las madrigueras de lagartos que libraban batallas como sueños o anclaban a dormir como piraguas.. Y en los árboles que venían en el viento y pasaban en el agua, los tres que venían en el viento, los tres que venían en el agua, mitigaban el hambre sin separar los frutos buenos de los malos, porque a los primeros hombres les fue dado comprender que no hay fruto malo; todos son sangre de la tierra, dulcificada o avinagrada, según el árbol que la tiene.. -!Nido!.. Pió Monte en un Ave.. Uno de los del viento volvió a ver y sus compañeros le llamaron Nido.. Monte en un Ave era el recuerdo de su madre y su padre, bestia color de agua llovida que mataron en el mar para ganar la tierra, de pupilas doradas que guardaban al fondo dos crucecitas negras, olorosa a pescado femenina como dedo meñique.. A su muerte ganaron la costa húmeda, surgiendo en el paisaje de la playa, que tenía cierta tonalidad de ensalmo: los chopos dispersos y lejanos los bosques, las montañas, el río que en el panorama del valle se iba quedando inmóvil.. La Tierra de los Arboles!.. Avanzaron sin dificultad por aquella naturaleza costeña fina como la luz de los diamantes, hasta la coronilla verde de los cabazos próximos y al acercarse al río la primera vez, a mitigar la sed, vieron caer tres hombres al agua.. Nido calmó a sus compañeros-extrañas plantas móviles-, que miraban sus retratos en el río sin poder hablar.. - Son nuestras máscaras, tras ellas se ocultan nuestras caras! Son nuestros dobles, con ellos nos podemos disfrazar! Son nuestra madre, nuestro padre, Monte en un Ave, que matamos para ganar la tierra! Nuestro nahual! Nuestro natal!.. La selva prologaba  ...   conejos, los murciélagos, los sapos, los cangrejos, los cutetes, las taltuzas, los pizotes, los chinchintores, cuya sombra mata.. Huían los cantiles, seguidos de las víboras de cascabel, que con las culebras silbadoras y las cuereadoras dejaban a lo largo de la cordillera la impresión salvaje de una fuga en diligencia.. El silbo penetrante uníase al ruido de los cascabeles y al chasquido de las cuereadoras que aquí y allá enterraban la cabeza, descargando latigazaos para abrirse campo.. Huían los camaleones, huían las dantas, huían los basilicos, que en ese tiempo mataban con la mirada; los jaguares (follajes salpicados de sol), los pumas de pelambre dócil, los lagartos, los topos, las tortugas, los ratones, los zorrillos, los armados, los puercoespines, las moscas, las hormigas.. Y a grandes saltos empezaron a huir las piedras, dando contra las ceibas, que caían como gallinas muertas y a todo correr, las aguas, llevando en las encías una gran sed blanca, perseguidas por la sangre venosa de la tierra, lava quemante que borraba las huellas de las patas de los venados, de los conejos, de los pumas, de los jaguares, de los coyotes; las huellas de los peces en el río hirviente; las huellas de la aves en el espacio que alumbraba un polvito de luz quemada, de ceniza de luz, en la visión del mar.. Cayeron en las manos de la tierra, mendiga ciega que no sabiendo que eran estrellas, por no quemarse, las apagó.. Nido vio desaparecer a sus compañeros, arrebatados por el viento, y a sus dobles, en el agua arrebatados por el fuego, a través de maizales que caían del cielo en los relámpagos, y cuando estuvo solo vivió el Símbolo.. Dice el Símbolo: Hubo en un siglo un día que duro muchos siglos.. Un día que fue todo mediodía, un día de cristal intacto, clarísimo, sin crepúsculo ni aurora.. -Nido-le dijo el corazón-, al final de este camino.. Y no continuó porque una golondrina pasó muy cerca para oír lo que decía.. Y en vano esperó después la voz de su corazón, renaciendo en cambio, a manera de otra voz en su alma, el deseo de andar hacia un país desconocido.. Oyó que le llamaban.. Al sin fin de un caminito, pintado en el paisaje como el de un pan de culebra le llamaba una voz muy honda.. Las arenas del camino, al pasar él convertíanse en alas, y era de ver cómo a sus espaldas se alzaba al cielo un listón blanco, sin dejar huella en la tierra.. Anduvo y anduvo.. Adelante, un repique circundó los espacios.. Las campanas entre las nubes repetían su nombre:.. Nido!.. Nido!.. Los árboles se poblaron de nidos.. Y vio un santo, una azucena y un niño.. Santo, flor, y niño la trinidad le recibía.. Y oyó:.. Nido, quiero que me levantes un templo!.. La voz se deshizo como manojo de rosas sacudidas al viento y florecieron azucenas en la mano del santo y sonrisas en la boca del niño.. Dulce regreso de aquel país lejano en medio de una nube de abalorio.. El Volcán apagaba sus entrañas -en su interior había llorado a cántaros la tierra lágrimas recogidas en un lago, y Nido, que era joven, después de un día que duró muchos siglos, volvió viejo, no quedándole tiempo sino para fundar un pueblo de cien casitas alrededor de un templo..

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  • Title: Leyenda del Cadejo
    Descriptive info: LEYENDA DEL CADEJO.. Y asoma por las vegas el.. Cadejo, que roba mozas de.. trenzas largas y hace ñudos.. en las crines de los caballos.. Madre Elvira de San Francisco, prelada del monasterio de Santa Catalina, sería con el tiempo la novicia que recortaba las hostias en el convento de la Concepción, doncella de loada hermosura y habla tan candorosa que la palabra parecía en sus labios flor de suavidad y de cariño.. Desde una ventana amplia y sin cristales miraba la novicia volar las hojas secas por el abraso del verano, vestirse los árboles de flores y caer las frutas maduras en las huertas vecinas al convento, por la parte derruída, donde los follajes, ocultando las paredes heridas y los abiertos techos, transformaban las celdas y los claustros en paraísos olorosos a búcaro y a rosal silvestre; enramadas de fiesta, al decir de los cronistas, donde a las monjas sustituían las palomas de patas de color de rosa, y a sus cánticos los trinos del cenzontle cimarrón.. Fuera de su ventana, en los hundidos aposentos, se unía la penumbra calientita, en la que las mariposas asedaban el polvo de sus alas, al silencio del patio turbado por el ir y venir de las lagartijas y al blando perfume de las hojas que multiplicaban el cariño de los troncos enraizados en las vetustas paredes.. Y dentro, en la dulce compañía de Dios, quitando la corteza a la fruta de los Angeles para descubrir la pulpa y la semilla que es el Cuerpo de Cristo, largo como la medula de la naranja - vere tu es Deus absconditus ! -, Elvira de San Francisco unía su espíritu y su carne a la casa de su infancia, de pesadas aldabas y levísimas rosas, de puertas que partían sollozos en el hilvan del viento, de muros reflejados en el agua de las pilas a manera de huelgo en vidrio limpio.. Las voces de la ciudad turbaban la paz de su ventana, melancolía de viajera que oye moverse el puerto antes de levar anclas; la risa de un hombre al concluir la carrera de un caballo o el rodar de un carro, o el llorar de un niño.. Por sus ojos pasaban el caballo, el carro, el hombre, el niño, evocados en paisajes aldeanos, bajo cielos que con su semblante plácido hechizaban la sabia mirada de las pilas sentadas al redor del agua con el aire sufrido de las sirvientas viejas.. Y el olor acompañaba a las imágenes.. El cielo olía a cielo, el niño a niño, el campo a campo, el carro a heno, el caballo a rosal viejo, el hombre a santo, las pilas a sombras, las sombras a reposo dominical y el reposo del Señor a ropa limpia.. Oscurecía.. Las sombras borraban su pensamiento, relación luminosa de particulas de polvo que nadan en un rayo de sol.. Las campanas acercaban a la copa vesperal los labios sin murmullo.. Quién habla de besos? El viento sacudía los heliotropos.. Heliotropos o hipocampos? Y en los chorros de flores mitigaban su deseo de Dios los colibríes.. Quién habla de besos?.. Un taconeo presuroso la sobrecogió.. Los flecos del eco tamborileaban en el corredor.. Habría oido mal? No sería el señor pestañudo que pasaba los viernes a última hora por las hostias para llevarlas a nueve lugares de allí, al Valle de la Virgen, donde en una colina alzábase dichosa ermita?.. Le llamaban el hombre-adormidera.. El viento andaba por sus pies.. Como fantasma se iba apareciendo al cesar sus pasos de cabrito: el sombrero en la mano, los botines pequeñines, algo así como dorados, envuelto en un galbán azul, y esperaba los hostearios en el umbral de la puerta.. Si que era; pero esta vez venía alarmadísimo y a las volandas, como a evitar una catástrofe.. - Niña,  ...   pelo del aire, gato sin forma ni color que araña las aguas de las pilas y desasosiega los papeles viejos.. La ventana y ella se llenaban de cielo.. - Niña, Dios sabe a sus manos cuando comulgo ! - murmuró el del gaban, alargando sobre las brasas de sus ojos la parrilla de sus pestañas.. La novicia retiró las manos de las hostias al oir la blasfemia No, no era un sueño ! Luego palpose los brazos, los hombros, el cuello, la cara, la trenza.. Detuvo la respiración un momento, largo como un siglo al sentirse trenza.. No, no era un sueño, bajo el manojo tibio de su pelo revivía dándose cuenta de sus adornos de mujer, acompañada en sus bodas diabólicas del hombre-adormidera y de una candela encendida en el extremo de la habitación, oblonga como ataúd ! La luz sostenía la imposible realidad del enamorado, que alargaba los brazos como un Cristo que en un viático se hubiese vuelto murciélago, y era su propia carne ! Cerro los ojos para huir, envuelta en su ceguera, de aquella visión de infierno, del hombre que con sólo ser hombre la acariciaba hasta donde ella era mujer - La más abominable de las concupiscencias !-; pero todo fue bajar sus redondos párpados pálidos como levantarse de sus zapatos, empapada en llanto, la monja paralítica, y más corriendo los abrió.. Rasgó la sombra, abrió los ojos, salióse de sus adentros hondos con las pupilas sin quietud, como ratones en la trampa, caótica, sorda, desemblantadas las mejillas - alfileteros de lágrimas -, sacudiéndose entre el estertor de una agonía ajena que llevaba en los pies y el chorro de carbón vivo de su trenza retorcida en invisible llama que llevaba a la espalda.. Y no supo más de ella.. Entre un cadáver y un hombre, con su sollozo de embrujada indesatable en la lengua, que sentía ponzoñosa, como su corazón, medio loca, regando las hostias, arrebatóse en busca de sus tijeras, y al encontrarlas se cortó la trenza y, libre de su hechizo, huyó en busca del refugio seguro de la madre superiora, sin sentir más sobre sus pies los de la monja.. --------------------------------------------------------------------------------.. Pero, al caer su trenza, ya no era trenza: se movía, ondulaba sobre el colchoncito de las hostias regadas en el piso.. El hombre-adormidera buscó hacia la luz.. En las pestañas temblábanle las lágrimas como las últimas llamitas en el carbón de la cerilla que se apaga.. Resbalaba por el haz del muro con el resuello sepultado, sin mover las sombras, sin hacer ruido, anhelando llegar a la llama que creía su salvación.. Pronto su paso mesurado se deshizo en fuga espantosa.. El reptil sin cabeza dejaba la hojarasca sagrada de las hostias y enfilaba hacia él.. Reptó bajo sus pies como la sangre negra de un animal muerto, y de pronto, cuando iba a tomar la luz, saltó con cascabeles de agua que fluye libre y ligera a enroscarse como látigo en la candela, que hizo llorar hasta consumirse, por el alma del que con ella se apagaba para siempre.. Y así llego a la eternidad el hombre-adormidera, por quien lloran los cactus lágrimas blancas todavía.. El demonio había pasado como un soplo por la trenza que, al extinguirse la llama de la vela, cayó en piso inerte.. Y a la medianoche, convertido en un animal largo - dos veces un carnero por luna llena, del tamaño de un sauce llorón por la luna nueva -, con cascos de cabro, orejas de conejo y cara de murciélago, el hombre-adormidera arrastró al infierno la trenza negra de la novicia que con el tiempo sería madre Elvira de San Francisco - así nace el cadejo -, mientras ella soñaba entre sonrisas de ángeles, arrodillada en su celda, con la azucena y el cordero místico..

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  • Title: Leyenda de la Tatuana
    Descriptive info: LEYENDA DE LA TATUANA.. Ronda por Casa-Mata la Tatuana.. El Maestro Almendro tiene la barba rosada, fue uno de los sacerdotes que los hombres blancos tocaron creyendoles de oro, tanta riqueza vestían, y sabe el secreto de las plantas que lo curan todo, el vocabulario de la obsidiana - piedra que habla - y leer los jeroglíficos de las constelaciones.. Es el árbol que amaneció un día en el bosque donde está plantado, sin que ninguno lo sembrara, como si lo hubieran llevado los fantasmas.. El árbol que anda.. El árbol que cuenta los años de cuatrocientos días por las lunas que ha visto, que ha visto muchas lunas, como todos los árboles, y que vino ya viejo del Lugar de la Abundancia.. Al llenar la luna del Buho-Pescador ( nombre de uno de los veinte meses del año de cuatrocientos días ), el Maestro Almendro repartió el alma entre los caminos.. Cuatro eran los caminos y se marcharon por opuestas direcciones hacia las cuatro extremidades del cielo.. La negra extremidad: Noche sortílega.. La verde extremidad: Tormenta primaveral.. La roja extremidad: Guacamayo o éxtasis de trópico.. La blanca extremidad: Promesa de tierras nuevas.. Cuatro eran los caminos.. - Caminín ! Caminito !.. - dijo al Camino Blanco una paloma blanca, pero el Caminito Blanco no la oyó.. Quería que le dieran el alma del Maestro, que cura de sueños.. Las palomas y los niños padecen de ese mal.. - dijo al Camino Rojo un corazón rojo; pero el Camino Rojo no lo oyó.. Quería distraerlo para que olvidara el alma del Maestro.. Los corazones, como los ladrones, no devuelven las cosas olvidadas.. - dijo al Camino Verde un emparrado verde, pero el Camino Verde no lo oyó.. Quería que con el alma del Maestro le desquitase algo de su deuda de hojas y de sombra.. Cuántas lunas pasaron andando los caminos ?.. El más veloz, el Camino Negro, el camino al que ninguno hablo en el camino, se detuvo en la ciudad, atravesó la plaza y en el barrio de los mercaderes, por un ratito de descanso, dio el alma del Maestro al mercader de joyas sin precio.. Era la hora de los gatos blancos.. Iban de un lado a otro.. Admiración de los rosales ! Las nubes parecían ropas en los tendederos del cielo.. Al saber el Maestro lo que el Camino Negro había hecho, tomó naturaleza humana nuevamente, desnudándose de la forma vegetal de un riachuelo que nacía bajo la luna ruboroso como una flor de almendro, y encaminóse a la ciudad.. Llegó al valle después de una jornada, en el primer dibujo de la tarde, a la hora en que volvían los rebaños, conversando a los pastores, que contestaban monosilábicamente a sus preguntas, extrañados, como ante una aparición, de su túnica verde y su barba rosada.. En la ciudad se dirigió a Poniente.. Hombres y mujeres rodeaban las pilas públicas.. El agua sonaba a besos al ir llenando los cántaros.. Y guiado per las sombras, en el barrio de los mercaderes encontró la parte de su alma vendida por el Camino Negro al Mercader de Joyas sin precio.. La guardaba en el fondo de una caja de cristal con cerradores de oro.. Sin perder tiempo se acerco al Mercader, que en un rincón fumaba, a ofrecerle por ella cien arrobas de perlas.. El Mercader sonrió de la locura del Maestro.. Cien arrobas de perlas ? No, sus joyas no tenían precio !.. El Maestro aumentó la oferta.. Los mercaderes se niegan hasta llenar su tanto.. Le daría esmeraldas, grandes como maíces, de cien en cien almudes, hasta formar un lago de esmeraldas.. Un lago de esmeraldas ? No, sus joyas no tenían precio !.. Le daría amuletos, ojos de namik para llamar el agua, plumas contra la tempestad, mariguana para su tabaco.. El Mercader se negó.. Le daría piedras preciosas para construir, a medio lago de esmeraldas, un palacio de cuento !.. Sus joyas no tenían precio, y, además a que seguir hablando ? -, ese pedacito de alma lo quería para cambiarlo, en un mercado de  ...   solo manojo, como una serpiente.. El Mercader iba vestido de oro, abrigadas las espaldas con una Manta de lana de chivo.. Palúdico y enamorado, al frío de su enfermedad se unía el temblor de su corazon.. Y los treinta servidores montados llegaban a la retina como las figuras de un sueño.. Repentinamente, aislados goterones rociaron el camino percibiéndose muy lejos, en los abajaderos, el grito de los pastores que recogían los ganados, temerosos de la tempestad.. Las cabalgaduras apuraron el paso para ganar un refugio, pero no tuvieron tiempo: tras los goterones, el viento azotó las nubes, violentando selvas hasta llegar al valle, que a la carrera se echaba encima las mantas mojadas de la bruma, y los primeros relámpagos iluminaron el paisaje, como los fogonazos de un fotógrafo loco que tomase instantaneas de tormenta.. Entre las caballerías que huían como asombros, rotas las riendas, ágiles las piernas, grifa la crin al viento y las orejas vueltas hacia atras, un tropezón del caballo hizo rodar al Mercader al pie de un árbol, que, fulminado por el rayo en ese instante, le tomó con las raices como una mano que recoge una piedra, y le arrojó al abismo.. En tanto, el Maestro Almendro, que se había quedado en la ciudad perdido, deambulaba como loco por las calles, asustando a los niños, recogiendo basuras y dirigiéndose de palabra a los asnos, a los bueyes y a los perros sin dueño, que para e1 formaban con el hombre la colección de bestias de mirada triste.. - Cuántas lunas pasaron andando los caminos ?.. - preguntaba de puerta en puerta a las gentes, que cerraban sin responderle, extrañadas, como ante una aparición, de su túnica verde y su barba rosada.. Y pasado mucho tiempo, interrogando a todos, se detuvo a la puerta del Mercader de Joyas sin precio a preguntar a la esclava, única sobreviviente de aquella tempestad:.. El sol, que iba sacando la cabeza de la camisa blanca del día, borraba en la puerta, claveteada de oro y plata, la espalda del Maestro y la cara morena de la que era un pedacito de su alma, joya que no compró con un lago de esmeraldas.. - Cuántas lunas pasaron andando los caminos ?.. Entre los labios de la esclava se acurrucó la respuesta y endureció como sus dientes.. El Maestro callaba con insistencia de piedra misteriosa.. Llenaba la luna del Buho-Pescador.. En silencio se lavaron la cara con los ojos, al mismo tiempo, como dos amantes que han estado ausentes y se encuentran de pronto.. La escena fue turbada por ruidos insolentes.. Venían a prenderles en nombre de Dios y el Rey; por brujo a él y por endemoniada a ella.. Entre cruces y espadas bajaron a la cárcel, el Maestro con la barba rosada y la túnica verde, y la esclava luciendo las carnes que de tan firmes parecían de oro.. Siete meses después, se les condenó a morir quemados en la Plaza Mayor.. La víspera de la ejecución, el Maestro acercóse a la esclava y con la uña le tatuó un barquito en el brazo, diciéndole:.. - Por virtud de este tatuaje, Tatuana, vas a huir siempre que te halles en peligro, como vas a huir hoy.. Mi voluntad es que seas libre como mi pensamiento; traza este barquito en el muro, en el suelo, en el aire, donde quieras, cierra los.. ojos, entra en é1 y véte.. Véte, pues mi pensamiento es más fuerte que ídolo de barro amasado con cebollín !.. Pues mi pensamiento es más dulce que la miel de las abejas que liban la flor del suquinay !.. Pues mi pensamiento es el que se torna invisible !.. Sin perder un segundo la Tatuana hizo lo que el Maestro dijo: trazó el barquito, cerró los ojos y entrando en é1- el barquito se puso en movimiento -, escapó de la prisión y de la muerte.. Y a la mañana siguiente, la mañana de la ejecución, los alguaciles encontraron en la cárcel un árbol seco que tenía entre las ramas dos o tres florecitas de almendro, rosadas todavía..

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  • Title: Leyendas del Sombrerón
    Descriptive info: Leyendas del Sombrerón.. El sombrerón recorre los portales.. En aquel apartado rincón del mundo, tierra prometida a una Reina por un Navegante loco, la mano religiosa había construido el más hermoso templo al lado de la divinidades que en cercanas horas fueran testigo de la idolatría del hombre-el pecado más abominable a los ojos de Dios-, y al abrigo de los tiempo de montañas y volcanes detenían con sus inmensas moles.. Los religiosos encargados del culto, corderos de corazón de león, por flaqueza humana, sed de conocimientos, vanidad ante un mundo nuevo o solicitud hacia la tradición espiritual que acarreaban navegantes y clérigos, se entregaron al cultivo de las bellas artes y al estudio de las ciencias y la filosofía, descuidando sus obligaciones y deberes a tal punto, que, como se sabrá el Día del juicio, olvidábanse de abrir al templo, después de llamar a misa, y de cerrarlo concluidos.. los oficios.. Y era de ver y era de oír y de saber las discusiones en que por días y noches se enredaban los mas eruditos, trayendo a tal ocurrencia citas de textos sagrados, los más raros y refundidos.. Y era de ver y era de oír y de saber la plácida tertulia de los poetas, el dulce arrebato de los músicos y la inaplazable labor de los pintores, todos entregados a construir mundos sobrenaturales con los recados y privilegios del arte.. Reza en viejas crónicas, entre apostillas frondosas de letra irregular, que a nada se redujo la conversación de los filósofos y los sabios; pues, ni mencionan sus nombres, para confundirles la Suprema Sabiduría les hizo oír una voz que les mandaba se ahorraran el tiempo de escribir sus obras.. Conversaron un siglo sin entenderse nunca ni dar una plumada, y diz que cavilaban en tamaños errores.. De los artistas no hay mayores noticias.. Nada se sabe de los músicos.. En las iglesias se topan pinturas empolvadas de imágenes que se destacan en fondos pardos al pie de ventanas abiertas sobre panoramas curiosos por la novedad del cielo y el sin número de volcanes.. Entre los pintores hubo imagineros y a juzgar por las esculturas de Cristos y Dolorosas que dejaron, deben haber sido tristes y españoles.. Eran admirables.. Los literatos componían en verso, pero de su obra sólo se conocen palabras sueltas.. Prosigamos.. Mucho me he detenido en contar cuentos viejos, como dice Bernal Díaz del Castillo en "La Conquista de Nueva España", historia que escribió para contradecir a otro historiador; en suma, lo que hacen los historiadores.. Prosigamos con los monjes.. Entre los unos, sabios y filósofos, y los otros, artistas y locos, había uno a quien llamaban a secas el Monje, por su celoreligioso y santo temor de Dios y porque se negaba a tomar parte en las discusiones de aquéllos en los pasatiempos de éstos, juzgándoles a todos víctimas del demonio.. El Monje vivía en oración dulces y buenos días, cuando acertó a pasar, por la calle que circunda los muros del convento, un niño jugando con una pelotita de hule.. Y sucedió.. Y sucedió, repito para tomar aliento, que por la pequeña y única ventana de su celda, en uno de los rebotes, colóse la pelotita.. El religioso, que leía la Anunciación de Nuestra Señora en un libro de antes, vio entrar el cuerpecito extraño, no sin turbarse, entrar y rebotar con agilidad midiendo piso y pared, pared y piso, hasta perder el impulso y rodar a sus pies, como un pajarito muerto..  ...   invisible-y, tras vanos temores, reconciliábase con la pelotita, digna de él y de toda alma justa, por su afán elástico de levantarse al cielo.. Y así fue como en aquel convento, en tanto unos monjes cultivaban las Bellas Artes y otros las Ciencias y la Filosofía, el nuestro jugaba en los corredores con la pelotita.. Nubes, cielo, tamarindos.. Ni un alma en la pereza del camino.. De vez en cuando, el paso celeroso de bandadas de pericas domingueras comiéndose el silencio.. El día salía de las narices de los bueyes, blanco, caliente, perfumado.. A la puerta del templo esperaba el monje, después de llamar a misa, la llegada de los feligreses jugando con la pelotita que había olvidado en la celda.. Tan liviana, tan ágil, tan blanca!, repetíase mentalmente.. Luego, de viva voz, y entonces el eco contestaba en la iglesia, saltando como un pensamiento:.. Tan liviana, tan ágil, tan blanca!.. Sería una lástima perderla.. Esto le apenaba, arreglándoselas para afirmar que no la perdería, que nunca le sería infiel, que con él la enterrarían.. , tan liviana, tan ágil, tan blanca.. Y si fuese el demonio?.. Una sonrisa disipaba sus temores: era menos endemoniada que el Arte, las Ciencias y la Filosofía, y, para no dejarse mal aconsejar por el miedo, tornaba a las andadas, tentando de ir a traerla, enjuagándose con ella de rebote en rebote.. Por los caminos -aún no había calles en la ciudad trazada por un teniente para ahorcar- llegaban a la iglesia hombres y mujeres ataviados con vistosos trajes, sin que el religioso se diera cuenta, arrobado como estaba en sus pensamientos.. La iglesia era de piedras grandes; pero, en la hondura del cielo, sus torres y cúpula perdían peso, haciéndose ligeras, aliviadas, sutiles.. Tenía tres puertas mayores en la entrada principal, y entre ellas, grupos de columnas salomónicas, y altares dorados, y bóvedas y pisos de un suave color azul.. Los santos estaban como peces inmóviles en el acuoso resplandor del templo.. Por la atmósfera sosegada se esparcían tuteos de palomas, balidos de ganados, trotes de recuas, gritos de arrieros.. Los gritos abríanse como lazos en argollas infinitas, abarcándolo todo: alas, besos, cantos.. Los rebaños, al ir subiendo por las colinas, formaban caminos blancos, que al cabo se borraban.. Caminos blancos, caminos móviles, caminitos de humo para jugar una pelota con un monje en la mañana azul.. - Buenos días le dé Dios, señor!.. La voz de una mujer sacó al monje de sus pensamientos.. Traía de la mano a un niño triste.. - Vengo, señor, a que, por vida suya, le eche los Evangelios a mi hijo, que desde hace días está llora que llora, desde que perdió aquí, al costado del convento, una pelota que, ha de saber su merced, los vecinos aseguraban era la imagen del demonio.. tan liviana, tan ágil, tan blanca.. ).. El monje se detuvo de la puerta para no caer del susto, y, dando la espalda a la madre y al niño, escapó hacia su celda, sin decir palabra, con los ojos nublados y los brazos en alto.. Llegar allí y despedir la pelotita, todo fue uno.. - Lejos de mí, Satán! Lejos de mí, Satán!.. La pelota cayó fuera del convento -fiesta de brincos y rebrincos de corderillo en libertad-, y, dando su salto inusitado, abrióse como por encanto en forma de sombrero negro sobre la cabeza del niño, que corría tras ella.. Era el sombrero del demonio.. Y así nace al mundo el Sombrerón..

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